miércoles, 26 de mayo de 2010

Mala pata

La energía me puede. A veces me dan prontos, lo reconozco, y no sé dosificar mi fuerza. Pierdo el norte cuando me entra ese no se qué que qué se yo y ¡brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr! ¡ tengo que liberarme! Y claro, no calculo. Se me nubla la mente, las coordenadas desaparecen y ¡zasca! El suelo, las paredes o las puertas diabólicas vienen a por mí.
Eso es más o menos lo que pasó hace unas semanas, cuando estaba yo subida a la cama de Fran haciendo de mis trastadas, cuando me vino el subidón, perdí cualquier noción espacio-temporal y me caí de allí arriba. Sí, hablando mal y pronto, me metí una buena hostia.
Al principio no parecía nada grave. El subidón me duró un poco más y yo seguí a lo mío. Cuando volví a casa ya la cosa se empezó a poner chunga. Me empezaba a doler la pata trasera de la izquierda así que intentaba no apoyarla demasiado. Pero lo realmente malo llegó a la noche. El golpe se me había enfriado y con cada movimiento veía las estrellas.
Me levanté para despertar a la tía Tere y ella enseguida se dio cuenta de que algo no iba bien. Me llevó a la cama y estuvo allí un rato conmigo. Finalmente, aunque entre dolores, pude conciliar el sueño.
A la mañana siguiente me llevaron al médico y vieron que tenía la pata inflamada, así que me recetaron unas pastillas enormes que debía tomarme cada 24 horas.
Ya llevo así 2 semanas y todavía no tengo la pierna bien curada, aunque ya noto mucha mejoría. De hecho ya he vuelto a las andadas...
Pero desde aquí quiero enviar un mensaje de calma y de positivismo a mis admiradores, pues de todo lo malo siempre se saca algo bueno. Estoy bien, me miman un poco más y lo mejor de todo es que me dan las pastillas incrustadas en salchicha. No sé cómo me lo monto, y está mal que yo lo diga, pero es que siempre salgo ganando. Muaaaaahahahahahaha hahaha haha ha!

En uno de mi saltos contra un paparazzi, cuando la energía me sobreviene y nada puede pararme

martes, 18 de mayo de 2010

Ábrete Sésamo... ¡o ciérrate de una vez!

Están por todas partes, interceptando el paso, marcando espacios de luces y sombras, acumulando pelusas en sus bordes, dando cobijo a arañas diminutas que se cuelan por sus marcos, y se han propuesto arruinarme la vida. Son... las puertas.
Inventos demionacos, sin duda. Cuando están cerradas me siento prisionera. Cuando están abiertas parecen inofensivas, pero a mí no me la cuelan. Pero el momento de mayor peligro es cuando están entreabiertas. Me sacan de mis casillas con sus insolentes esquinas de madera que me inivitan a mordelas, lanzarle zarpazos, gruñirlas, echarles mal de ojo y todas las maldiciones perrunas que conozco.
No sé si es ese halo de oscuridad y misterio que deja pasar una puerta a medio cerrar (o a medio abrir) o si es esa agitación que se produce cuando hay corriente lo que me crispa los nervios.
Da igual. Seguiré luchando contra este artilugio del averno sin descanso!!!!


Al menos hasta que Arturo me eche de casa por destrozar sus muebles :S

sábado, 8 de mayo de 2010

Más raros que un perro verde

Ayer, mientras desayunaba con Tere, escuché a un tipo decir en la tele que al final todos las personas buscaban lo mismo: exclusividad. La afirmación me dejó bastante pensativa. Hasta se me cayó una bolita de pienso de la boca.
Así que, la gente pide que se cumplan derechos universales, iguales para todos, la misma consideración, el mismo trato, intentan sentirse incluidos en grupos, en comunidades que comparten sus intereses... pero resulta que lo que quieren en el fondo es hacerse con algo que los haga diferentes al resto. Y en esa carrera hacia la singularidad hacen cosas absurdas como mandar que alicaten una piscina con adoquines de oro, o que incrusten diamantes en un vibrador, o que se tatúen un ojo, o ponerse las tetas más grandes que la de al lado... Tú también tienes esto, pero el mío es mejor porque es lo mismo pero distinto. ¡Chúpate esa!
O sea, que todos los hombres son, en su esencia, iguales... pero quieren ser diferentes. Y los que se sienten diferentes... quieren sentirse iguales al resto. La verdad, no lo entiendo. No comprendo ese afán de añadirse y rodearse de diferencias artificiales con la única meta de creerse únicos. ¡Pero si ya lo son!
Pienso que la exclusividad la llevamos inscrita en la piel. Mi exclusividad radica en el hecho de que no hay otra como yo y nunca la habrá. Paseo mi exclusividad innata por todas partes desde que nací y maldita la hora en que tenga que ponerme el pelo verde para sentime distinta.
Están locos estos humanos...